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BOL | Cruzando la frontera, primeros pasos en Bolivia

Por Nicolás

Ya habíamos surcado gran parte del noroeste argentino haciendo base en Salta y visitando algunos pueblos de Jujuy pero era hora de seguir subiendo. Habíamos pasado la noche en La Quiaca, decisión mas que acertada en nuestro itinerario, armamos las mochilas y dejamos el hostel para emprender la caminata hacia la frontera con Bolivia.
Pensamos que iba a ser un trámite largo, tedioso, aburrido como lo son en todo el territorio argentino pero nos íbamos a llevar otra impresión.


El paso fronterizo que elegimos fue La Quiaca-Villazón ya que teníamos pasajes de tren hacia Uyuni. El paso migratorio está abierto las 24 horas. Pero la atención al público para trámites de migración, presentación de documentos o sellado de pasaporte se realiza desde las 7.00 am. hasta la medianoche (12.00 hs.). Por tal motivo los viajeros que salgan o ingresen a Bolivia deberán tener en cuenta estos horarios.

Cruzamos el puente que une las dos ciudades y arribamos a la Oficina de Migraciones. Nos habían recomendado sellar el pasaporte porque nuestro viaje seguía a tierras peruanas por lo que tomamos ese recaudo pero tranquilamente podíamos haber presentado nuestro documento de identidad como único requisito. Llegamos al lado argentino y no había NADIE -golazo-, pasamos tranquilamente y lo que nos llamó la atención fue que no revisaron nada de lo que salía o entraba de un país a otro. Doblamos y al otro lado teníamos la oficina del lado boliviano. Mismo trámite, ningún problema, nada de espera. Me venía a la cabeza ¿Para qué nos habremos levantado tan temprano? Gracias nuevamente a los demás viajeros que nos recomendaron eso, otra vez se equivocaron. Igualmente es recomendable hacerlo con tiempo para no llevarse sorpresas.




En ese momento escuchamos un grupo de camioneros que hablaban de un bloqueo en el cruce terrestre por lo que no se podía cruzar en auto o cualquier vehículo debido a que los camioneros bolivianos se encontraban en huelga y bloqueaban el paso a cualquiera que quisiera pasar por dicho camino. No nos preocupamos porque nuestro viaje seguía en tren pero iba a estar complicado viajar en colectivo, combi o lo que fuere. Más adelante íbamos a sufrir estos cortes y bloqueos pero lo dejo para más adelante.

Como decía anteriormente, una gran idea o decisión fue quedarnos en La Quiaca. Al entrar en Villazón vimos una ciudad bastante poblada en las primeras calles que íbamos caminando pero a medida que entrabamos la cantidad empezaba a mermar hasta volverse desierto. Si tienen que esperar la salida de su transporte, como nosotros, por varias horas no hay mucho para hacer en este lugar.
Desde la frontera caminamos unas cuantas cuadras hasta llegar a la estación de tren donde pensábamos esperar hasta la salida. Antes, cambiamos unos cuantos dólares en una da las tantas casas de cambio que se encuentran ahi cerca del cruce fronterizo. Casi todas manejan el mismo tipo de cambio por lo que pueden acceder a cualquiera y no volverse locos buscando el mejor cambio posible.

Una de las primeras cosas que habíamos hecho al iniciar el viaje fue sacar los pasajes de tren que se puede hacer fácilmente por la web: https://ticketsbolivia.com.bo. Si desean tomar esta vía deben ser cuidadosos con los días ya que no salen todos los días y hay diferentes destinos:

  • Expreso del Sur: Villazón - Tupiza - Uyuni - Oruro. Sale los miércoles y sábados.
  • Wara Wara del Sur: Villazón - Tupiza - Uyuni - Oruro. Sale los lunes y jueves.
Expreso del Sur

ORIGEN - DESTINO
VILLAZON – ORURO
Día miércoles
VILLAZON - ORURO
Día sábado

Villazón - Tupiza
Tupiza - Uyuni
Uyuni - Oruro
SALELLEGASALELLEGA
15:30
18:40
24:00
18:10
23:35
06:30
15:30
18:40
24:00
18:10
23:35
06:30

Wara Wara del Sur


ORIGEN - DESTINO
VILLAZON - ORURO
Día lunes
VILLAZON - ORURO
Día jueves

Villazón - Tupiza
Tupiza - Uyuni
Uyuni - Oruro
SALELLEGASALELLEGA
15:30
18:50
01:40
18:30
01:00
08:40
15:30
18:50
01:40
18:30
01:00
08:40

En la estación de tren solo se puede esperar en una sala con muchos asientos, un televisor y la cabina donde puede o no estar el encargado de venta de pasajes. Por momentos no hay nadie para atender ni siquiera para hacer alguna pregunta. Se pueden sacar con antelación o bien comprar ahí mismo. No vimos mucho problema para adquirir los pasajes en el momento, hay bastante disponibilidad.

Otra alternativa es viajar en bus:

Villazón - Tupiza: 3 horas
Villazón - Uyuni: 10/12 horas
Villazón - Potosí: 12 horas
Villazón - La Paz: 22/24 horas


Los horarios pueden variar por diferentes factores como clima, estado de las rutas, problemas técnicos.

Dejamos las mochilas en una bodega que hay lado de la estación sin costo alguno. Luego los mismos encargados suben los equipajes al tren sin necesidad de acarrear nada. Salimos a dar unas vueltas y lo poco que había para hacer era conocer el mercado y saciar un poco el hambre que venía acechando desde la mañana suplido con unos mates y galletitas.

Como toda ciudad en Bolivia, cuenta con un mercado en el que se puede comer muy barato pero el aspecto de la comida y como primera impresión de la gastronomía boliviana desistimos de almorzar allí.
Además de puestos de comida en el piso superior, en la parte de abajo se puede conseguir de todo. Desde carnes, pollos, verduras, legumbres, todo tipo de especias y una explosión de colores entre recuerdos, souvenires, juguetes, disfraces, etc. Un sin fin de posibilidades. Lo que se les ocurra pueden encontrar en un mercado de tal magnitud. Hablando de la comida, una de las contras es que los mercados no cuentan con heladeras para conservar los alimentos: carnes rojas y blancas se encuentran en los mostradores sin cuidado alguno. Consejo: traten de no comer y evitar algún inconveniente pensando que van a tener que afrontar un viaje largo hacia el destino donde se dirijan.

Finalmente, encontramos algunos restaurantes que también eran baratos y tienen variedad de comidas. Elegimos un estilo de milanesas con ensalada y papas que estuvo bastante bien. Seguimos recorriendo y encontramos algunos negocios de indumentaria donde se puede aprovechar para gastar menos en calzado y vestimenta deportiva. Si se quiere aprovechar también se pueden adquirir algunos artículos de tecnología a precios bajos. Compré una memoria para mi cámara porque iba a necesitar más espacio. Punto para mí!



Retornamos a la estación y todavía faltaba para arribar al tren. Ni siquiera te dejan pasar al anden y la gente se va acumulando en la sala de espera. El calor se empezaba a hacer insoportable y salimos a comer unas frutas fuera de la estación. Se hizo la hora y subimos. Nos acomodamos en nuestros asientos -bastante cómodos, por cierto- y no quedó otra que apreciar el paisaje y seguir, como dice el amigo Andrés Ciro.




El tren cuenta con un carro comedor donde nos tomamos una cervecitas y jugamos a las cartas con una pareja que habíamos conocido en el camino. Nos pasamos un buen rato allí. Al oscurecer volvimos a los asientos y al caer el sol bajó drásticamente la temperatura. Siempre lleven ropa para cambiarse o ponerse arriba para no pasar frío durante la tarde-noche. 




Luego de varias horas y unas cuantas películas malas llegamos a Uyuni pasada la madrugada. Frío tremendo. Buscamos el equipaje y nos adentramos en la ciudad. 
Como no teníamos ninguna reserva como casi el 90% de los pasajeros es conveniente apurarse para conseguir hostel porque se acaban rápido las habitaciones más baratas. Si tienen la posibilidad de reservar, mucho mejor.

Pasamos la primera noche en Bolivia sin cenar porque estábamos cansadísimos del viaje y caímos rendidos a la cama. Nos esperaba Uyuni. Se venía lo mejor.

NZ | Primeros 6 meses fuera de casa





Pasaron los primeros seis meses de vivir fuera de casa y no se fueron volando. Para ser más preciso,  en vez de un avión cargado de momentos se asemeja más a un camión, en pendiente cuesta arriba y otras veces cuesta abajo (y sin frenos). Como siempre que tenemos que buscar las palabras justas para resumir tantas cosas vividas, se complica pero más se complica aún cuando hace seis meses llevábamos una vida citadina, rutina pautada y trabajo estable y ahora  con pueblos diminutos, sin rutinas y trabajos nuevos todas las semanas. Todo cambia y hay mucho de que hablar.

Para empezar puedo afirmar que en estos seis meses no gané montañas de dinero, no hice muchas excursiones ni adquirí muchas cosas materiales, de hecho nada más alejado de ello. Lo que coleccioné sin embargo fueron experiencias, reflexiones, errores, aprendizajes y amigos que no los hubiera hecho en AÑOS si me quedaba en Buenos Aires. Hay diferentes maneras de hacer este viaje y estos meses me llenó de satisfacción haberlo hecho así, pensando más en la experiencia que en el dinero.

Pasando al tema de las reflexiones, que en este viaje no fueron pocas, llegué a la conclusión de que este estilo de vida “working holiday” o de viajero con derecho a trabajo tiene una contra bastante desgastante y que a la vez es positiva: tener que rebuscársela todo el tiempo. Dónde vivir, dónde trabajar, con quién compartir gastos... Son cuestiones cotidianas que nos llevan a desempolvar la máquina del ingenio que tenemos guardada en alguna parte de nuestra mente y que no la hacemos funcionar a menos que la necesitemos. Desgastante y cansador, sí pero también muy satisfactorio.

Los errores

“Pude cometer errores con la cabeza. Nunca con el corazón” - Juan Manuel Fangio.

Cuando uno esta predispuesto a crecer y a aprender de las experiencias se da cuenta que el error es parte mismo de dicha experiencia. Como quien tropieza con la misma piedra dos veces, volví a perder una serie de fotos, como me sucedió en mi viaje a Bariloche (click AQUI para leerlo). En este caso las de mi viaje por la isla norte donde llegue al extremo Norte (Cape Reigna) y luego recorrí la Costa oeste, retratando paisajes hermosos que quedaron en mi retina y... en algún lugar de la nube intergalactica llamada internet. Creo que ya aprendí la lección o tal vez la tercera sea la vencida.

Tamaño de los archivos: 0 - la próxima vez voy a prestarle mas atención


Otro error que se repitió varias veces: no ser lo suficientemente cuidadoso o pecar en confianza. Por ejemplo con el auto, dejarlo estacionado en la calle fue un error ya asumido y aprendido (Hacer click ACA para leer la historia completa). Los hurtos ocurren diariamente y es muy común llegar a Nueva Zelanda respirando un aire de tranquilidad al que no estamos habituados, está claro que no es tan así aunque somos un poco hijos del rigor. Nos tiene que pasar algo para tomar conciencia.


En el caso del auto tuve que olvidarme rápido del caso y de rebuscármela rápidamente para ir a trabajar (20 Kms diarios). El mismo día que sucedió, un amigo salteño y español me levantaron el ánimo yendo al Tongariro y otro amigo me ofreció inmediatamente un lugar para ir al trabajo. De la incomodidad surgió la buena voluntad de otras personas para que yo me volviera a sentir cómodo. Agradecimientos a ellos: Lucas, Chiqui y Javi.



Y todos estos errores no fueron los únicos , hay muchos más de los que podría hablar pero me parece más importante rescatar y repetir que TODOS dejaron una enseñanza. Eso es lo más valioso y vale la pena transmitirlo.

Oh my god, english no!

Me resigné ante el inglés, yes. Si bien uno puede llevar conversaciones fluidas con los extranjeros, con los kiwis es realmente difícil. Para ser sincero el acento es sumamente complicado y mi oído se resiste a dejarse llevar por el idioma local, mi consejo para los que vienen en plan de Working Holiday y quieren progresar con el idioma es que no se junten con latinos por tiempo prolongado. Yo por ejemplo no lo estoy cumpliendo ( e igualmente estoy contento!).

Los paisajes

Nueva Zelanda es increible!

Cada pueblo tiene alguna belleza particular y cada ciudad parece haber sido elegida para apreciar la naturaleza a su alrededor. También los accidentes geográficos son aprovechados turísticamente para disfrutarlos sin disfraces, eso es algo en lo que no hago hincapié y que es muy importante. Los paisajes sin maquillaje de Nueva Zelanda es de lo mejor que tiene el país oceánico.

Las despedidas

La despedida de la Packhouse, de los mejores momentos.
Otra de las contras que tiene viajar son las constantes despedidas que se ganan el premio a los momentos más tristes. Tiene cierta logica, los seres queridos están lejos pero se mantiene el contacto por Whatsapp o por redes sociales sabiendo que algún día volverá a verlos. En cambio, no pasa lo mismo con los nuevos amigos, por más que se luche e intente seguir el mismo camino, sabemos que casi todos siguen rumbos distintos y no los volveremos a ver nunca más. Es duro pero así es la vida del viajero, encariñarse no es una de las mejores opciones.




Que queda en los próximos seis meses?

Hay muchas caminatas pendientes, entre ellas Abel Tasman y West Coast, las mejores de las que hay en el país. Es solo cuestión de encontrar el momento y con quien hacerlas (con muchas ganas de ir YA para ser sincero).

Vivir en una granja es otra de las actividades que queda pendiente y lo más interesante va a ser cómo se vive día a día con solo lo que uno produce.

También progresar en el mundo de la fotografía que es algo que me apasiona y me llena interiormente.

Así se fueron los primeros seis meses, y aún queda mucho más por conocer, historias por compartir y viajes por hacer en este hermoso país. Nos vemos en el próximo post!

Alex Ferrero

NZ | Lo que no se habla de Queenstown





Reconocida por turistas locales, por turistas extranjeros, por bloggers, expertos, aventureros, Queenstown es la princesa de Nueva Zelanda. No hay persona que habiendo visitado el país no la haya querido conquistar pero… ¿todo lo que se habla es bueno o no hay intenciones de criticar a la mas linda?


Desde mi partida de este pueblito alpino sentí la necesidad de desahogarme, de cuestionar esa posición intransigente que se vierte del “ahora o nunca”. También me dieron ganas de decir que NO TODO merece la pena luchar (y perder) y principalmente plantearme la tonta idea de seguir los gustos de otros.


Pero vayamos de a poco, ¿Queenstown merece ser visitado?


La respuesta es un SI rotundo. No importa lo que digan las guías, los locales y todos los que mencioné al principio, todos los lugares tienen algo diferente y cada persona tiene una visión diferente, hasta el lugar más desolado merece una visita. Hablando de este caso, Queenstown no está desolado, es un pueblito alpino ubicado al sur de Nueva Zelanda entre las mayores cadenas montañosas del país que sumado a un lago da un paisaje digno de una película medieval (no sé en realidad si medieval sea su caracterización predominante, debe ser mi asociación con El Señor de los Anillos). Además es uno de los lugares con más actividad nocturna, algo así como un Bariloche de Argentina.





Las fotos no están engañando, el lugar es imponente desde el plano paisajístico sin objeciones. Sin embargo la primer decepción que encontré es la falta de nieve aunque con pleno sol haga un frío de helar . En realidad  en el “town” (como le dicen los locales al centro del pueblito) nieva 2 o 3 veces al año pero no es suficiente regalo para los que van a buscar la gran atracción estival.





En segundo lugar, y acá comienza el gran problema, Queenstown es muy chico. Demasiado chico. La capacidad reservada para los turistas se ve saturada en temporada alta y en temporada media, entonces los aspirantes a vivir unos meses en el TOWN vemos como se reducen las posibilidades a un simple llamado fortuito que nos permita irnos del Hostel backpacker. En definitiva la posibilidad de estar cómodos en una casa termina siendo…suerte o como mínimo llegar con una anticipación de meses y aún así no podemos estar seguros de conseguir hogar.


En consecuencia de la alta demanda y la poca oferta tenemos los precios excesivos, que se ven principalmente en los alquileres aunque también lo vemos en las excursiones, las compras de supermercado y en la ropa. Todo es más caro, desde unos pocos dólares a cientos de dólares más.


Esta situación en particular me fue arrinconando desde la primer semana, los pocos ahorros que había hecho en 2 meses de Kiwis se fueron evaporando minuto a minuto sin hacer ningún acto de ostentación ni despilfarro en vicios. Solo sobrevivir a base de arroz en Queenstown ya es todo un lujo.




Otra cosa de la que tampoco se habla es de la gente que va a Queenstown *. Esto lo considero muy propio y no encontré coincidencia con otros viajeros. Algo que me hizo sentir incómodo fue la competencia que se sentía en la calle, la rivalidad por conseguir trabajo y habitación.




Si bien todos los que vamos a Queenstown con idea de alojarnos un tiempo estamos avisados de la cantidad de personas que van a hacer la temporada de invierno, uno no toma en consideración la calidad de las personas. Por suerte tuve una gran gran ayuda de Tati, de RespirandoAzulClarito.com que me dió una mano enorme encontrando trabajo temporal y además me permitió adaptarme (tímidamente) al pueblo. Pero el problema es que Tati fue prácticamente la única persona que me hizo sentir bienvenido porque lamentablemente las demás personas que compartimos hostel, no ofrecieron su ayuda desinteresadamente o no tuvimos conexión. Con esto no quiero decir que las personas que van con el objetivo de hacer la temporada de invierno tengan el “gen maligno” que les permite tener éxito en las competencias adecuadas, nada de eso. Lo que quiero decir es sencillamente que mis expectativas eran superiores a lo que realmente fue, tanto en las personas como en el lugar y este terreno es muy peligroso si no lo sabemos manejar emocionalmente.


Por eso, mi decisión fue irme y así lo cumplí. A pesar de estar en el lugar más lindo, a pesar de estar en la estación que me había propuesto vivir de cerca, a pesar de estar a las puertas de trabajos de invierno…no me sentía cómodo.


Por eso, no siempre el fín justifica los medios.









* Aclaración, la gente que vive en Queenstown fue de lo más cordial que me tocó en este viaje de 5 meses por las islas. Ningun día me quedé sin hacer dedo y tuve la posibilidad de conocer algunas historias de vida muy interesantes.

ARG | Reivindicando a La Quiaca

Por Nico

Desde que comenzamos a diagramar el viaje hasta la noche anterior a llegar a La quiaca todo el mundo nos la tiraba abajo por eso este posteo va dirigido a levantar la bandera por el punto más al norte de Argentina.


Recien arrancaba el viaje rumbo norte. Salta - La Quiaca

Mientras estábamos en Salta nos dirigimos a la terminal a sacar los pasajes con destino La Quiaca por la empresa Balut -costo $290- porque tiene varias salidas durante el día. Elegimos la de las 10.30 con llegada a las 17.30. No hubo ningún inconveniente solo películas malas en el trayecto y que realiza demasiadas paradas en el camino entrando a cada pueblo y algunas paradas solidarias para llevar niños y maestros de la escuela.


Finalmente arribamos a la terminal de La Quiaca al horario estimado y fuimos a la Oficina de Turismo para guiarnos un poco. No teníamos alojamiento y desembocamos en el Hostel Copacabana que por $180 dormimos 10 puntos y con desayuno. Esa tarde recorrimos el pueblo que NO nos pareció todo lo malo que nos habían dicho. Hay mucho prejuicio por un pueblito como cualquiera en Argentina.


Recomendadísimo el Hostel Copacabana


Después de varios días de estar parando en Salta, ya en Jujuy, el clima había cambiado y elevado su temperatura por lo que salimos casi sin abrigo: bermudas, remera y ojotas. Tarde espléndida de sol y cielo abierto y despejado.
Subimos a un puentecito que cruza la vieja estación de tren del pueblo perteneciente al Ferrocarril General Belgrano y de allí nos dio un panorama de la poca extensión del lugar. Desde ahí, pudimos divisar la línea de frontera y lo que nos esperaba la mañana siguiente.

La Vieja Estacion del Ferrocarril Belgrano

Pasamos por la plaza principal -la única- y la Iglesia solo por fuera. Caminamos la calle principal atestada de niños que había terminado su jornada escolar y habían copado por completo los alrededores. Ahí cerquita, un cartel con las distancias a las ciudades más importantes nos marcaba que estábamos a 1560 kilómetros de Buenos Aires. Recién ahí caímos en la idea lo lejos que estábamos y todo lo que faltaba por recorrer.

Caminamos un poco más para buscar algo para comer y una linda peatonal protegida por dos cabezas gigantes es de lo más pintoresco y transitado que pudimos encontrar. Hay negocios de todo tipo y donde vas a encontrar variedad para comprar comidas, artesanías u otra cosa que necesites para continuar el viaje.

Peatonal Belgrano
Cuando ya caía la tarde, bajaba drasticamente la temperatura y los dedos de los pies se empezaban a congelar tratamos de quedarnos a ver la inauguración de un mural que habían pintado en uno de los laterales de la escuela. Los "artistas" lo titularon como "Mujer, pureza de color" y dejaban representada una típica madre jujeña llevando a su hijo mientras realiza los labores diarios. De esta manera finalizábamos nuestro día y nos atrincherábamos en el hostel porque el frío ya nos había sobrepasado y no nos queríamos enfermar antes de entrar a Bolivia.



Si bien no hay demasiado para hacer la gente es muy cálida y es una buena opción si tu viaje sigue para Bolivia. La ciudad fronteriza es Villazón y es recomendable dormir en La Quiaca.


El cielo dibujaba una bandera argentina como dándonos la despedida

De esta manera REIVINDICAMOS totalmente a esta ciudad, por lo menos quien escribe. 

ARG | El imperio del mate


Una vuelta por Establecimiento Las Marías

Después de haber visitado los Esteros no quedaban muchos lugares más motivantes. O al menos eso es lo que pensaba. Llegamos a Gobernador Virasoro para sorprendernos con que es uno de los lugares más importantes (si no el más importante) para la industria de la yerba mate: donde se encuentra Establecimiento Las Marías.

Tampoco sabíamos con lo que nos íbamos a topar al ingresar al predio. “Seguirá estando la estancia que figura en los paquetes Taragüí?” me preguntaba y la respuesta, no se hizo tardar. En la entrada hay una reserva de animales, entre los que se encuentran carpinchos (capybara) disfrutando de los pantanos, aves y otros animales autóctonos, nada comparable con lo que haya visto en el Gran Buenos Aires.



Día a día hay tours guiados donde muestran el “imperio”, incluyendo los campos de Yerba Mate, laboratorios, plantas, el club de fútbol y hasta el vecindario destinado a los empleados. Sin dudas el apodo de imperio no le queda exagerado, los creadores lo pensaron grande y así sucedió. Y los lugareños lo sienten como un orgullo propio, como el lugar donde todos quieren trabajar, lo que tienen para mostrar al mundo. Muchas corporaciones deben envidiar el espíritu de estos empleados porque si miramos con lupa universitaria, ellos tienen la camiseta puesta como lo dicen los manuales de administración.





Después de hacer el tour (que no es gratuito pero sí muy barato), volvimos al lugar de la entrada donde nos agasajaron con té Taragüí y nos pudimos llevar algunos regalos, nada para despreciar, especialmente sabiendo que los artículos a la venta en ese lugar no están muy baratos que digamos. Más tarde estábamos de vuelta en el hostel de Gobernador Virasoro, mirando el mapa para buscar nuestros próximos destinos.

Topándome con Ituzaingó

Me despido de Diana a las 10 hs. y me dirijo a la Shell donde paran los camiones que transportan madera (a priori, gran posibilidad de hacer dedo). Cuando iba caminando sentí la liberación por no tener que "cuidar" más a la extranjera, claro, había decidido que este viaje lo iba a hacer solo pero los últimos días había estado más preocupado por Diana que por disfrutar mi día a día. Me culpé de egoísta y semanas después de este viaje me enteré que le habían robado la notebook pero por suerte pude ayudarla a recuperar algo del dinero perdido y además confirmé que mi preocupación no había sido en vano.


Estaba en la estación de servicio, el cielo esta vestido peligrosamente de un gris uniforme que pronuncia una lluvia inminente. Le pido a un playero una bolsa de residuo para la mochila y a falta de una, me traen 2! Estas son las cosas que me gustan al alejarme de las grandes ciudades, la predisposición de las personas sin buscar nada a cambio.

A pesar de los buenos augurios y la buena predisposición, hacer dedo costó esta vez. Me tuve que trasladar con un colectivo hasta una intersección y esperar pacientemente que apareciera un auto. Pasaban los minutos y lo único que no deseaba es que apareciera una Yarará como cuando fuimos a los Esteros, el día anterior.

Finalmente apareció la voluntad de un conductor que había vivido muchos años en mi ciudad natal y fuimos hasta Ituzaingó, un pueblo a la vera de una de las empresas más importantes de Sudamérica, Yaciretá.

El pequeño pueblo no tiene grandes atracciones turísticas pero tiene una playa que se confunde con un balneario brasileño. El atardecer, la arena, las palmeras y la gran porción de agua en frente nuestro nos invita a creer que estamos mirando el océano atlántico. Por si faltaban detalles, abundan los brasileños por el lugar.

Al otro día emprendí el nunca deseado retorno final, tomé el colectivo hacia la Ciudad de Corrientes donde pasé solo una noche y luego el avión hacia la gran Buenos Aires. Se había acabado el encuentro con la naturaleza, ahora de vuelta a la jungla de cemento y a soñar con la próxima aventura.



Anécdota

En Buenos Aires el ritmo es muy diferente al que podemos encontrar en otras localidades del país y cuando estamos tan metidos en la vida citadina, nos olvidamos de la rutina saludable.
Minutos después de haber aterrizado en Jorge Newbery, tenía que ir al trabajo por lo que tomé un taxi para acelerar el camino. “Es un hijo de puta! Las veces que vine a comer acá y este sorete no me deja ir al baño” es lo primero que escucho decir al taxista cuando entro al auto. No “Buenos días”, no “Hola señor como le va?”. “Pero ya me va a ver, me las va a pagar, conmigo no se jode. O que se piensa, que los taxistas no tenemos derecho a un baño? Soy un laburante viejo, un la-bu-ran-te” continuó el taxista furioso por la negación al ir a un baño de la costanera. El corto viaje a Misiones y Corrientes me había sacado de contexto pero este amable conductor me puso a tono en unos pocos segundos, muy eficaz en su propósito.

ARG | Navegando en los Esteros




Te propongo que después de este parrafo cierres los ojos. Que aisles todos los sonidos a tu alrededor. Que pienses en agua, en una laguna inalterable, sin viento y sin nubes en el cielo. Ahora respira la tranquilidad.

Esto puede ser un ejercicio de meditacion pero en realidad es simplemente sentir los Esteros del Iberá en carne propia. A continuación, mi camino por el mayor humedal de Argentina.

Ingresando a la provincia de Corrientes

En Corrientes, mi viaje de 2 semanas por el litoral estaba llegando a su punto cúlmine. Cataratas del Iguazu y San Ignacio Mini ya tachados del mapa, quedaba la frutilla del postre : Esteros del Iberá. Al momento de planear mi viaje por el norte, las atracciones en Misiones eran más y de mayor conveniencia sin embargo me decidí por los Esteros. En mi ultimo paso por la Universidad los profesores habían mencionado los Esteros en reiteradas ocasiones y eso sembró la semilla de curiosidad que germinó hasta el momento del viaje. La decisión ya estaba tomada, vamos a Esteros cueste lo que cueste.

Llegada a Gobernador Virasoro



El problema del lugar no es la cantidad de accesos si no la calidad del acceso. Hay varias maneras de ir a los Esteros y ninguna muy accesible. Esto es un problema mayor para los que viajamos sin transporte y que además queremos cuidar un poco el bolsillo. Esta vez no encontré mejor alternativa que contratar un tour guiado a los Esteros que finalmente resultó en un aprendizaje inolvidable.
Llegamos a Gobernador Virasoro casi de casualidad, caimos con nuestras mochilas en la primer estación de servicio que vimos y fuimos a la agencia de turismo a preguntar por hospedaje y por el mencionado tour que queríamos realizar. Cuando vuelvo de la agencia de Turismo (que estaba cerrada por horario de siesta), me pongo a observar que en el buffet de la estación de servicio estaba lleno de paquetes yerba mate Taragüí. Todas las variedades, con todos los tamaños de paquetes y todo el marketing que pueda haber. Me acerco a uno de ellos y leo abajo... "Gobernador Visaroso". Claro! había llegado al pueblo de la marca numero 1 de yerba mate del país y no me había dado cuenta.

Obviamente después del descubrimiento empezamos con las averiguaciones para ir a la fabrica de Taragüí, Establecimiento Las Marías. Pero eso luego del gran evento, la excursión por los Esteros.

Al otro día nos levantamos temprano para hacer el recorrido que duraría todo el día, el hospedaje dejó mucho que desear por lo que no pudimos descansar muy bien. A pesar de ello, las energías estaban intactas para meternos en la naturaleza.

A las 8.15 aproximadamente nos pasó a buscar José de Rincón 3 Lagunas, compramos provisiones y empezamos el viaje en la 4x4 hacia Laguna Galarza. El camino estaba en buenas condiciones y aun así se notaba que solamente era posible ir en 4x4. Por un lado es una injusticia que solo se acceda de esa manera pero por otro lado se restringe el avance del turismo masivo que transforma y aniquila el ecosistema de muchos lugares.



Asi fue que luego de ver ñandúes, yararás, vacas y otros animales llegamos a la estancia, justo donde empiezan los esteros. Desde el primer momento nos entretuvimos con los carpinchos, también conocidos como Capibara en otras partes del mundo. Mas tarde nos subimos a la lancha para entrar en la laguna y antes de que encendamos el motor sentimos la presencia de un Yacaré, pequeño pero Yacaré al fin.




Ahora sí prendimos el motor de la embarcación y nos dirigimos a través de un canal hacia la mencionada laguna. Mientras teníamos cuidado de no alterar la tranquilidad del lugar, unos peces saltaban alrededor nuestro como dándonos la bienvenida.



A esta altura ya había visto más animales en su hábitat natural que en toda mi vida, por eso sentía una satisfacción enorme difícil de explicar. En realidad, no creo que haya que explicar la conexión que tenemos con la naturaleza, hay que vivirla y sentirla. Por eso, cerré los ojos y me dejé llevar.


Cuando me dí cuenta ya estábamos en Laguna Galarza, al lado de un Yacaré Overo, una de las especies más grandes. Nos acercamos lentamente con el motor apagado, tratando de no ahuyentarlo. Casi sin inmutarse nos miró venir y se quedó posando para las fotos. Por no tener un lente zoom adecuado, me fui acercando al animal hasta tenerlo a solo 1 metro y medio. Ustedes se podrán imaginar la adrenalina que sentía en ese momento, por suerte el bicho había almorzado si no iba a ser un buen candidato...



Cuando caía un poco el sol nos tomamos un respiro arriba del barco y nos prestamos a observar lo que teníamos alrededor, naturaleza pura.

Lo que siguió después fue la reflexión, el mate, el té, las tortas fritas, un aljibe de los jesuitas y la despedida. Agradecimos enormemente a José por la buena predisposición y por todo lo que aprendimos de él en el recorrido, a los que estén pensando en ir al noreste argentino, no pueden no pasar por los Esteros.





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NZ | La peor experiencia

 

Otra vez el Tongariro, una nueva oportunidad para que el corazón lata fuerte y la respiración se agite. No hay mejor manera de aprovechar los días de franco en el trabajo que haciendo grandes caminatas. No voy a ocultarlo, caminar en reservas naturales una de las cosas que más me hace feliz en lo que va de esta Working Holiday. Sin embargo, esta vez empezó con una de las peores experiencias.

3.05 AM suena el teléfono: "Alex la Policía está yendo a tu casa, parece que te robaron el auto y lo encontraron" me dice mi amigo de Nueva Zelanda y a lo que yo respondo incrédulo: "No puede ser, lo dejé estacionado en la calle".

En realidad sí lo podía creer, siempre que la policía neocelandesa se hace presente es porque hay un hecho confirmado y concreto, quedó demostrado en las otras "anécdotas policíacas". Entonces, salí a la calle y corroboré que el auto no estaba, vinieron mis amigos para ir al Tongariro, luego el patrullero de la policía... todo lo que giraba alrededor mío era confusión. Me acababan de robar el auto en Nueva Zelanda!

¿Cómo se procede ante un robo? ¿Cómo está el auto? ¿Encontraron los ladrones? ¿Hay heridos? ¿Perderé días en el trabajo? ¿Voy a tener que cambiar mis planes? y la madre de todos los cuestionamientos: ¿Por qué a mí?

Todas esas preguntas me vinieron a la cabeza y al final resultaron adecuadas para ordenar el "caos" generado por una mala noticia. Realmente había tenido mala suerte, si tenemos en cuenta la consulta "popular" luego del suceso, ninguno había escuchado del robo de un auto anteriormente (Nota: Apenas llegué a Nueva Zelanda vi uno en vivo ). Obviamente el costo de aprender la lección fue muy caro y la mala suerte puede disminuir si tomamos mayores recaudos. Entonces me dediqué a responder paulatinamente cada pregunta que me había hecho: La policía ayudó en los trámites. Fue hasta mi casa para tomarme declaración y el agente me habló en español para facilitar y ser más preciso en lo dicho. Después del shock inicial el comportamiento de la policía me dio cierta tranquilidad, luego con el seguro del auto no tuve mejor suerte ya que no obtuve ningún "premium" por el robo. Para dar más detalles: no me cubrieron ni los gastos de acarreo.

1 mes atrás
¿Y los ladrones? Los encontraron la misma noche del robo y resultaron ser 3 menores de 15 años a los que no se les puede reclamar compensación por lo sucedido. Parece una broma, uno compra algo con mucho esfuerzo para que alguien ajeno se lo expropie y lo destroce, y como frutilla del postre, salga inmune. Igualmente no me sorprende porque en Argentina las sentencias a menores son parecidas, me parece que algo no está bien...

El auto por su parte quedó inmanejable, por lo tanto el destino fue inevitable: al desarmadero directo. En Nueva Zelanda es muy común desechar un auto en estos lugares (Pick-a-Part) ya que el costo de reparar un auto chocado es elevado a comparación del precio que pagamos por el mismo. También cuando necesitamos el repuesto de un auto usado, el Pick-a-Part es una buena opción.

Más allá de la situación particular del robo en la que no sufrí violencia física aprendí (ya que siempre se puede aprender algo nuevo) que a pesar de todos los cuidados que tengamos, hay momentos feos y algunos de ellos nos llegan a poner en el limite. Pero eso es parte del todo y en estos días no encontré mejor manera de cerrar este capitulo vivido que identificándome con esta frase:


El mundo no es todo color de rosa, es un lugar muy agresivo.
Y no importa qué tan fuerte te creas, siempre te pondrá de rodillas y te dejará así permanentemente.
Ni tú ni nadie va a golpear más fuerte que la vida.
Pero no importa lo fuerte que golpees.
Importa qué tan fuerte puedas ser golpeado y que puedas seguir adelante.
Qué tanto puedas aguantar y seguir adelante.
Si crees en ti mismo, sal y consigue lo que te mereces.
Pero tienes que estar dispuesto a recibir el golpe.

Rocky Balboa

ARG | Enamorarse de los atractivos de Jujuy

Por Nico

Si los lugares que visitamos en Salta me había dejado impresionado puedo decir que la provincia de Jujuy me enamoró. No el mismo sentimiento por una mujer pero ponele un amor platónico. En un recorrido bastante rápido visitamos varios pueblos uno mejor que el otro. Como quien dice los obligados si andas por ahí: Purmamarca, Tilcara, Humahuaca y Maimará.

Nuevamente el mismo panorama que cuando agarramos la ruta provincial N° 68 con dirección sur: día nubladisimo, cielo grisáceo, frío y con algunas gotas. Esta vez el viaje era un poco más el norte y por la ruta N° 9 que más adelante la volveríamos a hacer pero todavía faltaba. El viaje duró unas dos horas y media, el día nos volvía a dar una mano y el cielo se abrió en su totalidad dejando a la vista un sol radiante y un celeste impresionante. La primer parada era Purmamarca.



Los colores de Purmamarca

A eso de las 10 de la mañana bajamos de la camioneta con el objetivo de ver el Cerro de los Siete Colores, un arco iris en medio de las montañas. Los minerales que contiene la tierra y su oxidación provocan este fenómeno increíble y los distintos estratos se diferencian unos de otros dándole un marco a la Villa más que maravilloso. Unas cuantas fotos, varias, muchísimas. Por momentos, dejo la cámara y me quedo observando con detenimiento para no perderme nada pero el tiempo apremiaba y fuimos a recorrer la callecitas de Purma.


Un pueblito muy chico con una placita -si, todo en diminutivo- atestada de artesanos que bordean los laterales dándole aún más color con los bordados de sombreros, sweaters, buzos, manteles y todo lo que uno se pueda imaginar de la industria textil. Además de los típicos recuerdos que uno encuentra por el Noroeste de Argentina. Los colores del cerro y de las artesanías se conjugan y le dan vida a un lugar árido, de tierra y piedra que lo hace majestuoso. Vale la pena llevarse alguno de estos objetos para poder tener un su casa un pedacito del norte y poder recordarlo. 



Pasamos por la Iglesia, vimos el algarrobo histórico, que data de más de 620 años de crecimiento que fue testigo de la campaña del General Manuel Belgrano, todo un símbolo. Había que irse, pero Purmamarca también se iba con nosotros.

Allá en Tilcara

Cerquita, a media hora, primero se pasa por el pueblo de Maimará al que íbamos a regresar a la vuelta y un poco más adelante encontramos Tilcara con su famoso Pucará. Lo primero que se me vino a la cabeza al llegar fue la canción del gran Ricardo Iorio: "Alla en Tilcara" (acá es donde tenes que poner YouTube y ponerlo de fondo).


Amanecí allá en Tilcara, 
con los amigos de la indiada. 
Llevarme allí, quiso el destino. 
Junto con quienes mi camino comparten. 
Tal vez grabada en las pircas, 
mi voz, 
como un recuerdo haya quedado. 
Como grabado ha quedado en mi ser, 
de aquellos, su trato amable. 
Anochecí, allá en Tilcara, 
con los amigos que entre la indiada tengo. 
Y fui feliz. Grata experiencia, 
al compartir su solitaria resistencia. 
Pueda este canto que cantando estoy, 
sumarle alivio a sus pesares. 
O contentar a quien guste de saber, 
que jamás te olvidaré. 
Me despedí, de madrugada, 
de quienes a cambio de nada me asistieron. 
Y fui feliz, grata experiencia, 
al compartir su solitaria resistencia. 
Pueda este canto que cantando estoy, 
sumarle alivio a sus pesares. 
O contentar a quien guste de saber, 
que jamás lo olvidaré.
Entramos en el pueblo y nos dirigimos al Pucará, en quechua significa "fortificación", subiendo poco a poco llegamos a los 2250 metros sobre el nivel del mar. El pueblo originario de los tilcaras se asentó y edificó sus casas en un lugar ideal para defenderse de ataques de otras poblaciones. Desde esa altura podían vigilar los cultivos, además de estar protegidos por las murallas de piedra y los acantilados.
El paisaje esta adornado por las pircas (pared o muralla en quechua) y rodeada de cardos, cardones y demás plantas espinosas. Otra vez maravillado. La paz que se siente a esa altura es tremenda.



Pudimos entrar en una de las edificaciones y a pesar del calor se sentía un lugar muy fresco aunque con escasa luz ya que las piedras están apiladas a la perfección, algo impensado con los pocos recursos arquitectónicos de la época. Otra característica es que los techos y aberturas son muy bajos lo que denota la baja estatura de los pobladores, algo que se da en todo el norte argentino.



En el camino hicimos una parada en una fábrica familiar de artesanos que trabaja con arcilla y hace un trabajo puntilloso. Pudimos verlo en acción mientras realizaba un florero, una azucarera y otro recipiente similar a una ensaladera. El manejo de la arcilla parecía ser fácil pero darle forma y con la velocidad que trabajan te dejaba boquiabierto. Un paso por el mercado que acompaña la fábrica y como nuestro trayecto seguía se nos complicaba comprar, no es que seamos ratones.



Si podes quedate en Humahuaca

Lo más al norte que íbamos a llegar ese día era Humahuaca. Es la cabecera del departamento que lleva su nombre y la altura pesaba un poco más ya que ascendía a poco más de 3000 metros. La parada también fue para disfrutar del almuerzo y nos deleitamos con un buen guiso de llama, animal típico de la zona, delicioso por cierto acompañado de verduras. Satisfechos, salimos a recorrer la ciudad que históricamente fue uno de los mayores centros comerciales de la época colonial. Las calles adoquinadas, casas de adobe, escenario perfecto para caminar. De los tres pueblos en este vale la pena quedarse por su extensión y mejor oferta de hostels y comodidades.



Luego de rodear la plaza donde se encuentra el Palacio Municipal y su torre del reloj, nos llamó la atención la larga escalinata que lleva al monumento a Héroes de la Independencia. Vale la pena llegar hasta allí para tener una gran vista de la ciudad, descansar a la sombra del monumento y detenerse a contemplar el paisaje.



Me hubiese gustado quedarme aunque sea un día entero para recorrerla mejor o pasar la noche para palpar un poco más este hermoso lugar. Nota mental: tengo que volver.

Como dije anteriormente, habíamos pasado por Maimará antes de llegar a Tilcara. En el idioma omaguaca: Maimará quiere decir "Estrella que cae". El gran atractivo que tiene es la llamada Paleta del Pintor: otro cerro multicolor que adorna el lugar de una manera espectacular y las vetas y estratos parecen realmente pintadas.
Por la tarde y con el sol cayendo se puede observar y apreciar mucho mejor, un buen consejo para tener en cuenta. Este capítulo del viaje se cerraba y había que retornar a Salta.

La Paleta del Pintor
Lo bueno es que teníamos que regresar para volver al extremo más al norte de nuestro país: La Quiaca. De esta manera lo íbamos a ver rápidamente pero una vez más.