ARG | Un pueblito que no quiere desaparecer

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Calles de tierra, vias de tren en desuso, la antigua estación transformada en un café. El paisaje desolador se repite en cada uno de los pueblos que vivieron su apogeo en sociedad con el ferrocarril. En la actualidad la historia es conocida, las líneas se cerraron, los viajes dejaron de hacerse y miles de familias quedaron aisladas de las urbes y de otros pueblos mas pequeños.

Algunos pueblos argentinos con alma emprendedora sobrevivieron al inminente final, otros lo hicieron gracias a decisión política, la gran mayoría quedó a la vera del progreso.

Entre los menos afortunados se encuentra Calchín, un pueblito cordobés de solo 2400 habitantes. Su hermano llamado Calchín Oeste es famoso por la festividad de la Bagna Cauda, comida típica piamontesa que delata la fuerte inmigración italiana en los inicios del sigo XX. Calchín, sin embargo, no tiene festividades. No tiene fábricas. No tiene hospitales. No tiene cine. No tiene universidad.



Calchín tiene escuela, tiene ruta provincial, tiene campo y principalmente... tiene nostalgia.

Por las mañanas el olor a alfalfa perdura en el aire como aroma de desodorante ambiental, nada más que éste no está envasado. Por las noches aún se escuchan las bocinas de los trenes a vapor, haciendo eco en aquellas almas que los vieron pasar.

Los habitantes son como una gran familia en la cual no hay secretos, todos se conocen entre sí. Los cumpleaños son tan populares como fiestas nacionales, cualquier motivo para festejar es absolutamente válido. Hasta los velorios significan un impostergable encuentro para ponerse al día.

Justamente esa ventaja de conocerse como en una familia es también un arma de doble filo. Los chicos van a la única escuela del pueblo para juntarse con sus amigos, para crecer sin observar cuánto dinero gana el "padre de", no entienden de clases sociales. A medida que pasan los años, los chicos se convierten en adultos y crecen los roces entre en los más necesitados y las familias más adineradas. La diferencia entre unos y otros es abismal, mientras unos andan en bicicletas, otros ostentan 4X4 ultimo modelo. Y todos se conocen, saben los vicios y bondades de cada uno, por eso un pequeño rumor puede ser desde la gran noticia de la semana en el pueblo hasta la fama para toda la vida de una persona.

El futuro



El mundo tiene cosas incomprensibles como el dejar aniquilar un sistema de transporte eficiente. La economía tal vez tenga sus fundamentos pero para la población de Calchín fue un baldazo de agua fría, los caminos de asfalto no eran sinónimos de vías (ni siquiera hoy lo son). A partir de ese momento, el pueblo comenzó un camino pausado con un final predecible que todavia no fue escrito.

A pesar de ello, se lucha. Se lucha todos los días contra el avance tecnológico en la agricultura que quita puestos de trabajo a personas. Se lucha para que los más jóvenes emigren a las grandes ciudades y especialmente para que vuelvan. También se lucha para no terminar como un pueblo fantasma. Afortunadamente la construcción de casas y la aparición de nuevos barrios frena ese destino. Todo a un ritmo pausado, por supuesto.

En un próximo viaje por la llanura de Argentina, posiblemente nos encontremos con un pueblo similar a Calchín. Si paramos unos minutos a descansar, observaremos que detras de las paredes de ladrillos hay historias de ferrocarriles, de campo y de lucha.

Fotos







*Este post esta dedicado a mi abuelo Esteban Ferrero, una de esas personas de Calchín que dejó alma y vida en el campo. Ojala estés jugando al chinchón en algún lugar, tratando de hacer trampa para divertirte.

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