ARG | El imperio del mate

20:51:00


Una vuelta por Establecimiento Las Marías

Después de haber visitado los Esteros no quedaban muchos lugares más motivantes. O al menos eso es lo que pensaba. Llegamos a Gobernador Virasoro para sorprendernos con que es uno de los lugares más importantes (si no el más importante) para la industria de la yerba mate: donde se encuentra Establecimiento Las Marías.

Tampoco sabíamos con lo que nos íbamos a topar al ingresar al predio. “Seguirá estando la estancia que figura en los paquetes Taragüí?” me preguntaba y la respuesta, no se hizo tardar. En la entrada hay una reserva de animales, entre los que se encuentran carpinchos (capybara) disfrutando de los pantanos, aves y otros animales autóctonos, nada comparable con lo que haya visto en el Gran Buenos Aires.



Día a día hay tours guiados donde muestran el “imperio”, incluyendo los campos de Yerba Mate, laboratorios, plantas, el club de fútbol y hasta el vecindario destinado a los empleados. Sin dudas el apodo de imperio no le queda exagerado, los creadores lo pensaron grande y así sucedió. Y los lugareños lo sienten como un orgullo propio, como el lugar donde todos quieren trabajar, lo que tienen para mostrar al mundo. Muchas corporaciones deben envidiar el espíritu de estos empleados porque si miramos con lupa universitaria, ellos tienen la camiseta puesta como lo dicen los manuales de administración.





Después de hacer el tour (que no es gratuito pero sí muy barato), volvimos al lugar de la entrada donde nos agasajaron con té Taragüí y nos pudimos llevar algunos regalos, nada para despreciar, especialmente sabiendo que los artículos a la venta en ese lugar no están muy baratos que digamos. Más tarde estábamos de vuelta en el hostel de Gobernador Virasoro, mirando el mapa para buscar nuestros próximos destinos.

Topándome con Ituzaingó

Me despido de Diana a las 10 hs. y me dirijo a la Shell donde paran los camiones que transportan madera (a priori, gran posibilidad de hacer dedo). Cuando iba caminando sentí la liberación por no tener que "cuidar" más a la extranjera, claro, había decidido que este viaje lo iba a hacer solo pero los últimos días había estado más preocupado por Diana que por disfrutar mi día a día. Me culpé de egoísta y semanas después de este viaje me enteré que le habían robado la notebook pero por suerte pude ayudarla a recuperar algo del dinero perdido y además confirmé que mi preocupación no había sido en vano.


Estaba en la estación de servicio, el cielo esta vestido peligrosamente de un gris uniforme que pronuncia una lluvia inminente. Le pido a un playero una bolsa de residuo para la mochila y a falta de una, me traen 2! Estas son las cosas que me gustan al alejarme de las grandes ciudades, la predisposición de las personas sin buscar nada a cambio.

A pesar de los buenos augurios y la buena predisposición, hacer dedo costó esta vez. Me tuve que trasladar con un colectivo hasta una intersección y esperar pacientemente que apareciera un auto. Pasaban los minutos y lo único que no deseaba es que apareciera una Yarará como cuando fuimos a los Esteros, el día anterior.

Finalmente apareció la voluntad de un conductor que había vivido muchos años en mi ciudad natal y fuimos hasta Ituzaingó, un pueblo a la vera de una de las empresas más importantes de Sudamérica, Yaciretá.

El pequeño pueblo no tiene grandes atracciones turísticas pero tiene una playa que se confunde con un balneario brasileño. El atardecer, la arena, las palmeras y la gran porción de agua en frente nuestro nos invita a creer que estamos mirando el océano atlántico. Por si faltaban detalles, abundan los brasileños por el lugar.

Al otro día emprendí el nunca deseado retorno final, tomé el colectivo hacia la Ciudad de Corrientes donde pasé solo una noche y luego el avión hacia la gran Buenos Aires. Se había acabado el encuentro con la naturaleza, ahora de vuelta a la jungla de cemento y a soñar con la próxima aventura.




Anécdota

En Buenos Aires el ritmo es muy diferente al que podemos encontrar en otras localidades del país y cuando estamos tan metidos en la vida citadina, nos olvidamos de la rutina saludable.

Minutos después de haber aterrizado en Jorge Newbery, tenía que ir al trabajo por lo que tomé un taxi para acelerar el camino. “Es un hijo de puta! Las veces que vine a comer acá y este sorete no me deja ir al baño” es lo primero que escucho decir al taxista cuando entro al auto. No “Buenos días”, no “Hola señor como le va?”. “Pero ya me va a ver, me las va a pagar, conmigo no se jode. O que se piensa, que los taxistas no tenemos derecho a un baño? Soy un laburante viejo, un la-bu-ran-te” continuó el taxista furioso por la negación al ir a un baño de la costanera. El corto viaje a Misiones y Corrientes me había sacado de contexto pero este amable conductor me puso a tono en unos pocos segundos, muy eficaz en su propósito.

You Might Also Like

0 comentarios

Este blog pertenece a

Seguí de cerca nuestras historias

Dónde nació este proyecto


Este es un blog de historias, de anécdotas acompañadas con fotos. En este LINK podrás encontrar de donde surgió el nombre y lo que queremos mostrar al mundo.

Subscribe